Los cambios político-económicos que están transformando España constituyen, como decía en mi último post «El fraude fiscal, la gran losa del Siglo del Futuro», el segundo impacto de relieve para el Siglo del Futuro de nuestro país.
Es bien conocido por todos el periodo de recesión por el que atraviesa la economía mundial caracterizado por una realidad política, económica y social muy compleja. En la actualidad se habla de recuperación sostenible en un entorno incierto. Por una parte, las economías emergentes siguen siendo el motor de la economía internacional y, por otra, las economías avanzadas registran una recuperación ligeramente superior a la esperada. Asimismo, en los países de la periferia europea, la clase media se ve atenazada por recortes, así como por políticas de austeridad. Hay una mayor pobreza, y dos tercios del núcleo de personas en desempleo pertenecen a la clase media.
Por tanto, los efectos negativos de la crisis en el mercado de trabajo continúan siendo significativos. A nivel internacional, los jóvenes están padeciendo unas condiciones laborales caracterizadas por la precariedad e incertidumbre. Así, las políticas activas de empleo deben de facilitar la empleabilidad, y sobre todo potenciar la formación, promoción y creación de empleo.
Junto al paro, otro de los grandes problemas que arrastra la economía española es el déficit público. Se trata de un déficit descomunal que hay que corregir. En 2014 el objetivo del déficit público es del 5´5% del PIB. Del mismo modo, la economía española padece una elevada deuda. En el momento actual, la deuda bruta del conjunto de Administraciones públicas españolas se sitúa por encima del billón de euros. Para los próximos años, se prevé que continúe la consolidación fiscal en todas las Administraciones públicas, a través de una estrategia basada en el recorte generalizado del gasto público.
Frente a este panorama desalentador, los ciudadanos sabemos que la situación tiene arreglo. El camino más viable es continuar con el Estado de bienestar basado en el respeto de los derechos y libertades de las personas, y marcar como objetivos prioritarios la industrialización, internacionalización, crecimiento económico, valores y convicción. Así pues, la senda hacia el crecimiento de la economía está en el turismo y la demanda interna.
De igual forma, el presente y futuro de España se caracterizan por la innovación y las nuevas tecnologías, que tienen que desembocar en el lema “Unidad y convivencia”. Para dicho fin hay que apostar por la educación y formación para el empleo.
Por último, España tiene que ser el referente de una sociedad mejor en la que haya oportunidades para todos, y sobre todo que se nutra de confianza y compromiso. Es más, nuestro bienestar general depende de Europa, ya que es el eje a la solución de nuestros problemas.
Pablo A. Moreno Valero
Profesor Doctor de ESERP



